sábado, 20 de julio de 2013

EL MAESTRO ADOLFO ZELADA, SÍMBOLO DEL CRIOLLISMO DE LINCE

Foto: cortesía de Pepe Ladd Jr.
Su nombre es sinónimo de criollismo pues aparte de eximio guitarrista es un gran compositor.  

Su maravilloso bordón ha acompañado a las figuras más importantes del criollismo, desde Jesús Vásquez hasta Perú Negro. El Maestro Zelada -quien en setiembre cumple los 90-  está identificado con nuestro querido Lince.

Vivió en la famosa quinta de Gálvez, luego en la 19 de Yerovi, después en la 20 de Guisse y hoy en día reside en la cuadra 3 de Belisario Flores. 

¡Más linceño que el cine Alianza! 

En la foto aparece con Lolo Fernández y Pepe Ladd, integrante de los Troveros Criollos. Su hijo, Carlos Adolfo "Cachito" Zelada Cavattori , nos ha prometido una crónica de la carrera de tan insigne figura emblemática de Lince y Lobatón.


¡Salud , Maestro Zelada, los linceños lo admiramos!

jueves, 27 de junio de 2013

SALSA: PANTALONES ACAMPANADOS Y CAMISAS FLOREADAS (Primera parte).

 Por Manuel Araníbar Luna.

La salsa en el rico Lince...

La salsa llegó a Lince a fines de los sesentas e inicios de los setentas. Recordemos los pasos acrobáticos del popular "Caña" en el Latin Brothers por el parque de los Bomberos, en el Macondo de Francisco Lazo, en el bar Zeta de Iquitos y sobre todo en el Apolo XI de Manuel Castañeda. Aquí una semblanza de la arrolladora música que sufrió tantas mutaciones que hoy no se parece a la original….

Ese periodo entre finales de los sesentas y comienzos la de los setentas fue una  época de pérdidas y hallazgos. Los adolescentes habían perdido casi todo, inocencia, mojigatería, vergüenza y mucha ropa. Pero asimismo habían hallado libertinaje y diversas drogas. Muy atrás había quedado la moda ye-ye de los cerquillos de los Beatles, el twist y los cabellos engominados y el peinado go-go de las adolescentes. Hablamos de la época hippie, y post- hippie, en la cual habían aterrizado de un viaje con marimba  las modas multicolores, ombligos al aire y saludo con la ‘v’ de la victoria.

Una mazamorra llamada chicha...

Quitando a los huachafos peruanos, esclavos de la moda norteamericana y su rock subterráneo, quitando la moda chicha de la música colombiana mezclada con rezagos del huayno, se había formado una mazamorra llamada chicha, o una chicha tan cargada que parecía mazamorra. Entonces, sin todo ello, quedaba la moda del Llauca, la moda salsa con sus achorados abarrotando legendarios bares como el Sabroso, El Combo de Loza, el Tito’s en La Perla y otros más que eran duros de matar o, en otras palabras,  matas del duraje. Era la salsa dura, con mucha pimienta, mucho ají, mucha dinamita y buena dosis de alucinógenos. Es allí donde se consolida todo ese movimiento de pantalones acampanados y camisas multicolores.

DEL BARCO AL SABROSO.

        Sigilosamente, como la marea que sube sin que te des cuenta, como la neblina que de a poquitos te humedece hasta los ollucos y te los congela en las noches de julio, así llegó a los muelles del Callao, con la complicidad de los estibas, entre productos ilegales, junto al whisky  y los pantalones ‘Lee’ de contrabando, junto a perfumes , licores, la Yohimbina y los relojes con tremendos cadenones, empezaron a llegar calentitos los LP y los 45 de la chacra a la olla, mejor dicho del barco al Sabroso. Bienaventurados los estibas porque ellos fueron los grandes artífices de que ese fenómeno llamado música tropical hecho en NY hoy llamado salsa se metiera de caballazo a los pecaminosos bares de de la avenida  2 de mayo y aledaños.

Hay que darles el crédito a los estibas. Ellos se jactaban – además de sus conquistas amorosas- de sus recientes adquisiciones musicales, las cuales exhibían junto a sus tremendos esclavones de orégano y sus tabas de taco aperillado – de la originalidad de tener en sus manos los primeros temas del Gran Combo, de Eddie Palmieri, de Alegre All Stars y de Joe Cuba con un crooner casi adolescente y libre de drogas llamado Cheo Feliciano. Se escuchaban temas alucinantemente bárbaros con la B de Benny Moré que ya no llegaban, por el estúpido y enfermizo bloqueo a Cuba.

Sin embargo le faltaba algo así como un pellizcón de orégano para completar el saoco, y es que aquella novedosa música tropical se bailaba al estilo guaracha antigua de la Sonora Matancera. No se conocía la coreografía neoyoricua (mitad Nuyol, mitad Boricua); y para aprenderla hubo que transcurrir varios almanaques de Bristol. Los chalacos ebrios escuchaban a un  Pellin Rodríguez quien cantaba muy ufano que tenía un swing sabroso, Palmieri acompañaba a Ismael Quintana en su dolor porque su Muñeca no lo perdonaba. Cheo le había pedido prestado – para no devolverlo jamás - el estribillo de su “I’ll never go back to Georgia” a Dizzie Gillespie y silbaba “el Pito” con Joe Cuba en las congas, llamadas tumbadoras A. C (antes de Castro).

Pasarían algunos cuantos almanaques para que Willie y Héctor rompieran moldes, esquemas y rocolas y alborotaran el cotarro, porque con ellos se cerró el círculo de fuego: ritmo, clave 1-2-3, 1-2,  soneo, solos de trombón, de piano, de timbal, de tumbadoras (rebautizadas  por los gringos, cuando no,  como conga drums,) y la pizca de sabor que faltaba para que los chalacos paladeen: el baile. Y se cerró el círculo, ladies and gentleman, a bailar, showtime, ¡a bailar que el mundo se va a cambiar, let’s dance!

Se llenaban los conos (y no con helado)...

Algunos autores afirman que la salsa nació con la Fania. Nada más falso. La salsa, aún sin ese polémico nombrecillo, desembarcó al rico Llauca un par de años después de la llegada de Castro al poder en Cubita la bella. El primer LP de ese tipo, aunque no se le llamaba salsa, lo escuché por el Gran Combo en los años 63 o 64, pero no sé si por la huelga de tranviarios o por la terquedad de los chalacos para no compartir sus secretos musicales con los limeños mazamorreros, la música latina - como se llamaba a la salsa neoyoricua en esos tiempos - no llegaba a la capital, a Limón. 

Y demoró en llegar algunos años más. Es que empezaban a repletarse los conos y no precisamente de helado, sino de provincianos e inquilinos morosos en unas invasiones a las que la Prensa y El Comercio tildaban de bárbaras, con una tilde que caía como hachazo en el ojo. Y los paisas, por la alegría de saber que jamás volverían a pagar el alquiler de la jato y por la tristeza de recordar los huaynos de su tierra, daban sus primeros pasos de cumbias y chichas de los Demonios de Corrocochay, de los antojos del guitarrista de los anteojos culo de damajuana de un señor llamado Enrique Delgado Montes y sus Destellos.

-  ¡Bailar salsa! – se quejaba un ayacuchano – ¡como si fuese fácil! Esa música es de negros y en mi tierra no los hay, papay, porque los negros en las alturas se ahogan y se mueren nomás, papay. Lo calentito nomás les gusta, papay, además si mi chola me pesca moviendo las caderas, vistiendo esas camisas con los colores de la bandera de Tahuantisuyo – que jamás tuvo bandera – va a pensar que le estoy haciendo brujería como los chamanes que soplan aguardiente y zapatean haciendo sonar una maraca. Peor sería que crea que soy un cholo maricón, papay. Se me va con otro cholo, papay. Mejor bailo mi cumbia nomás, papay. (CONTINUARÁ)


viernes, 7 de junio de 2013

CARPIO, EL ZAPATERO DE LA 15 DE LAZO.

POR SÓCRATES ARANÍBAR LUNA
Era zapatero remendón de la vieja guardia, de aquellos que no trabajaban aún con los adelantos mecánicos de las ruidosas renovadoras de años después. Y, al igual que sus colegas de aquellos tiempos, no trabajaba los lunes porque estos eran sus días de compras (y de borracheras). Los lunes se vestía de terno y zapatos azules de gamuza ("blue suede shoes", cantaba Elvis en un viejo rockanroll), y pasaba la voz con un saludo original: “hola viudo". Y nunca supe por qué nos decía ‘viudos’ a los muchachos...
Su casa -taller se ubicaba en un callejón de la cuadra 15 de Francisco Lazo y disputaba una antigua competencia en el principal del citado lugar con Mantari, el otro zapatero del barrio. Los martes para ellos eran de full chamba porque había que restaurar los "cocos" de los peloteros del barrio, mayormente los de "perra brava"; los otros, los de pezuña limpia los reparaba Mantari, un zapatero quisquilloso que no aguantaba el aroma de la "pécora". A la entrada de su casa-taller no faltaba una silla minúscula en la cual sus clientes esperaban mientras hacían tertulia (léase ‘chismes’) .

Entraban cuatro y salían tres...
Un buen día (mejor llamarlo mal día) se quedó dormido con la vela prendida y se le incendió el colchón, quemándole medio cuerpo y dejándolo baldado. Sus hormas, diablo y tachuelas quedaron ociosos para siempre porque ya no pudo volver a ejercer su oficio. Entonces se dedicó la encomiable tarea de proteger animales: gatos, perros, roedores, etc... Hasta la llegada de los pelícanos a la "paradita" del barrio... Muy de mañana salía con el viejo balde a recolectar las tripas de pescado de las carretillas de los pescaderos "Picho” y "Cabeza e’ Gato"; y los pelicanos, cuya ruta hasta ese momento era Callao - 2 de Febrero, encontraron alojamiento en los techos de la 15 de Francisco Lazo por amor a "Carpayo" ante el evidente malestar de los vecinos... Recolectaba el almuerzo en su casa y puntualmente, a las 12 meridiano, decenas de pelícanos se acercaban aleteando por su menú. Carpayo los regañaba "orden... orden ". Después del refrigerio llevaba a los pelícanos heridos a su cuartucho para curarles las heridas. Las malas lenguas decían que a su taller entraban cuatro aves y salían tres, y que después se encaminaba a la tienda de "Chin Chin" a comprar medio kilito de arroz. Y los muchachos murmurábamos: "hoy le toca almorzar arroz con pelícano".


Pelicanito, Pelicanito…

Pero Carpayo guardaba una historia secreta. También fue "cirujano", que practicó varias operaciones (chuzeados) que lo llevaron a vacacionar durante varias temporadas en el "cerro"(el penal de la Isla El Frontón”), de ahí su afinidad con los pelícanos .. No sé cual fue su fin. Su recuerdo se perdió en la memoria de Lince y Lobatón.

Hoy una foto en el Facebook me lo trajo a la memoria...Las perversas leyendas dicen que entre el mar que delimita El Frontòn y las playas del Callao se escucha su voz diciendo : "pelicanito, pelicanito... ven por tu almuercito (y el mio )".

No sabemos más de don José Carpio o "Carpayo", o "Carpavio", como le decía mi compadre Carlos Ramos, por su afición al ron Cartavio. Sus hormas, martillos, diablos, sus tachuelas y sus zapatos azules de gamuza y taquito aperillado, se esfumaron volteando la Subestación en la punta de Castañeda y Manuel Segura, tomando Torres Paz.

De seguro estarán buscando a sus pelícanos o perdiéndose tras su memoria.


PERO ESTA FOTO DEL ZAPATERO CARPIO GUARDA OTROS RECUERDOS DE LINCE QUE RELATAREMOS EN UNA SIGUIENTE NOTA...

viernes, 18 de enero de 2013

'CINEMA LIBERTAD', POR DANIEL KIRI ESCOBAR


KIRI NOS TRAE A LA MEMORIA UN PEDAZO DE LINCE

A finales de los sesntas, la línea del tranvía Lima - Chorrillos desapareció para dar paso a la modernidad,  al Paseo de la República, hoy llamado El Zanjón. En ese mismo vértice, frente al monumento a Miguel Hidalgo y Costilla se mostraba a los vecinos de tres distritos el famoso cine Libertad, donde confluían los cinemeros de La Victoria, Lince y Santa Beatriz. Allí a diario, en las tres funciones, confluían los vaqueros, los vagos, los jeropas, los enamorados en la platea,  los billaristas de a la vueltita, los  mostaceros y cabrejos,  las damas, damitas y damotas en los lunes femeninos para compartir películas que cambiaban a diario. Justamente el genial Daniel ‘Kiri’ Escobar nos trae un poema-canción dedicado a ese inolvidable cine Libertad y a un clásico de cine, Charlie Chaplin.

¡Gracias  Kiri, por devolvernos ese pedazo de recuerdo de nustra infancia en nuestro querido Lince!

                                                                         Manuel Araníbar Luna


CINEMA LIBERTAD


Por Daniel ’Kiri’ Escobar





Cuando yo tenía  8 años
es decir bien a la mitad del siglo pasado
me dedicaba como todos los niños de esa edad
a los deberes sagrados de la infancia
que en mi época consistían en jugar a las bolitas
a los ñocos (no se rían, a los ñocos de bolitas por favor)
jugar a la escondida
al inmóvil, sin basta sin nada
jugar a la pera
jugar al mundo con mi teja de plátano chancado
jugar a la canca con mi palo de escoba
al teléfono malogrado con mi lata de leche que no digo la marca
para que no me hagan juicios indebidos
jugar al lingo
tener mi trompo de púa de hacha
tener mi trompo de púa sedita para impresionar a la hembritas
y tener mi trompo truquero de huarango duro
para chantarme en la cocina
la cocina ese territorio desde donde ya la infancia va estrenando malicia.

porque en este mundo hay que saber desde chiquito
que se puede ganar o se puede perder
y que todo el truco esta en hacerlo con un poquito de estilo y elegancia
en esas andanzas estaba yo con mis amigos el cuqui, el Papis
el maravilloso zurdo Tabo, campeón de ñocos (de bolitas)
cuando pasaba por ahí mi tío el gordo Vitaminas,
que tenia una manera muy particular de invitarnos al cine
nos decía:
sobrino anda dile a tu mama que nos de para la entrada.

y nos íbamos al Libertad
viejo cine del barrio que por llamarse así
tuvo que rendir un día sus muros al avance del progreso
vías expresas, edificios con alma de acero y cara de espejo
se llevaron volando por los aires al ecran y sus habitantes
personajes de películas mudas
que ahora que ha pasado el tiempo
siento que se van pareciendo más y más a mí
a mis amigos titiriteros, saltimbanquis,
compositores, autores, interpretes
músicos, poetas, escultores y dibujantes y pintores
para ellos :

ya veis lo que me ha pasado
quede solo y sin trabajo
y hoy que me muero de hambre me quite un zapato y me lo comí
y estoy por ahí canturreando
sin mas el amor brindando
tengo mis 3 moneditas toda mi fortuna no preciso mas
en el viejo cinema del barrio dieron esa película muda
donde veis que chaplin regresaba a su tugurio
con su fiel compañerito un perrito
que sabía morder a los policías
y un hambre aun mayor mas inmenso que la inmensa fortuna del papa
no, no quedaba otro remedio que meter en el horno de leña
al viejo zapato que al andar sacando el dedo te hace una seña
preparar unos ricos espaguetis de pasador para el perrito (ja, mentira)
ay hermano chaplin mira bien como estoy igual que tu
ahora se cuanto te quiero
especialmente cuando te deja la chica parado en la esquina
y se va con el banquero
ya veis lo que me ha pasado
quede solo y sin trabajo
y hoy que me muero de hambre me quite un zapato y me lo comí
ya veis lo que me ha pasado
quede solo y sin trabajo
y hoy que me muero de hambre me quite un zapato y me lo comí
y me lo comí

viernes, 2 de noviembre de 2012

DÉCIMA FESTIVA DE ANA ZARINA PALAFOX POR EL DÍA DE LOS MUERTOS

 Por Sócrates Araníbar Luna

Esta vez Ana Zarina Palafox, coincidiendo con el día de los muertos, le envía a Sócrates una divertida calavera en décima. 


La muerte intentó llevarse
a Socrates Araníbar

para hacer con él almíbar
y con este postre, hartarse.
Tenía madera de arce
ya lista para la tumba,
pero él seguía en la rumba
pues Chabuca y Carlos Hayre
lo protegen desde el aire
y no dejan que sucumba.

                                       - Ana Zarina Palafox-

CALAVERA DE SÓCRATES PARA ANA ZARINA



Que se cuide cierta güera,

le ha advertido la carcancha (*)

que aunque esté pura y sin mancha

un buen día se la lleva.

Vaya haciendo la maleta,

Deje de sonear riendo

versos, décima y remiendos,

guarde guitarra y jarana

y enrumbe pa’ la montaña...

los pasos le anda siguiendo.

                                  - Sócrates Araníbar Luna -



(*)La "carcancha" es la "calaca" de ustedes.



Ana Zarina Palafox es una extraordinaria trovadora repentista en los géneros de son jarocho y huasteco, escribiendo además poesía con temas contemporáneos, pero basada en las formas métricas tradicionales (copla, seguidilla, sextina, décima, glosa, lira y soneto). En 1997 presentó su libro "Déjame cantarte un verso... o varios (trova femenina con estructuras tradicionales)".

Actualmente forma parte del proyecto Tierra: Tiempo y Contratiempo (programas para la televisión cultural) y tiene como prioridad de vida el seguir viajando, para poder contarles, en textos, fotografías, música y videos, mucho más acerca de este país al que adora.

En su llegada a Lima, protagonizó interesantes contrapuntos de décimas cantadas con el destacado decimista linceño David Alarco Hinostroza. Posteriormente, gracias a la magia de las redes sociales, inició una gran amistad con los integrantes de nuestro blog ‘Lince y Lobatón’

CALAVERAS

Una de las múltiples tradiciones mejicanas que cultiva Ana Zarina son las “calaveras”, antiguamente llamadas “panteones”, las cuales son tradiciones mexicanas en peligro de extinción.

Las calaveras son como un epitafio-epigrama lacónico, dice el zamorano Eduardo del Río “Rius”, y están escritas en forma de verso dedicado a los amigos, familiares o conocidos sólo en Día de Muertos. Una de sus características es que constituye una oportunidad para expresar lo que se piensa acerca del otro, de espacios, funciones o cosas, de un régimen del pasado y del presente. No es fácil decir lo que uno piensa de los demás, por eso las calaveras constituyen una forma de literatura valiente.

Quienes escriben panteones son personas que ven la muerte con un sentido del humor, combinado con ingenio que le imprimen a sus escritos. Gustan desarrollar su imaginación para decir lo que piensan, aceptando el reto de comunicarse en verso, octavas o décimas de todos los sabores y gustos.

Esta forma de escritura se desarrolló desde el siglo XIX. Al cobrar fuerza en el siglo pasado, las calaveras comenzaron a ser censuradas por los gobiernos en turno debido a que una gran cantidad sirvió como crítica a los funcionarios, pues en ellas se manifestaba la inconformidad que imperaba entre los gobernados. La policía llegó a confiscar o destruir muchas de éstas, por eso no es fácil encontrarlas en las hemerotecas. A pesar de la censura, en el Día de Muertos se ejerce -ahora muy poco- esta forma de escribir, con el consentimiento de las autoridades.


He aquí unos ejemplos


A Diego Rivera:
Este pintor eminente
 cultivador del feísmo
 se murió instantáneamente
 cuando se pintó a sí mismo.


A Guty Cárdenas:
 Este joven trovador
 se nos volvió vanidoso
 y de purito hablador
 yace olvidado en el foso.
...................................................

DECIMA CALAVERA DE DAVID ALARCO HINOSTROZA PARA ANA ZARINA PALAFOX



Por rumbera, bailarina,
guapanguera y trovadora,
la calaca encantadora
hechizó a Ana Zarina.
Su mirada femenina
también hechiza a un varón,
que es de Lince y Lobatón,
endulzándolo en almíbar
a Sócrates AranÍbar
para llevarlo al panteón.

                            -David Alarco Hinostroza -











sábado, 27 de octubre de 2012

PICHO EL PESCADOR


Por Sócrates Araníbar Luna

“Son las doce y el pescado sin vender”
(Antiguo refrán asturiano)

UNO
Las paraditas de Lima tienen su encanto.  Pese a los enemigos que nunca faltan quejándose de todo, allí se consigue de todo  lo que hay en un mercado formal, pero a precios más bajos. Los pleitos son cosa de todos los días entre los vendedores de la paradita (que venden más barato, ya que no pagan impuestos) y los comerciantes formales (cuyos precios son más elevados). 

Pero además los ambulantes tienen otros pleitos, ya sea con policías municipales como con la policía nacional. Los pleitos también se suscitan con los vecinos, porque la invasión de los vendedores llega a las veredas. También se forman bochinches con los choferes que pasan por ahí, puesto que la pista poco a poco se va angostando debido a la invasión paulatina de carretillas que les obstaculizan el paso

Y en ese pequeño trozo de cielo llamado Lince, en la esquina de Francisco Lazo con Manuel Segura, al filito de Santa Beatriz, a un par de cuadras del Cine Libertad, hace muuuchos años surgió de la noche a la mañana una paradita modesta, de unos cinco o seis carretilleros. Rápidamente creció como una malagua.  

Los ambulantes llegaron a ocupar media cuadra de la 15 de Lazo, media cuadra de Manuel Castañeda; y media cuadra de Manuel Segura. Y la marea siguió avanzando por ahí hasta llegar a las puertas del Castillo Rospigliosi y sus adyacentes. Nadie la detenía. Cuando venían a joder los policías municipales de Lince, los ambulantes se saltaban las pistas para meterse a Santa Beatriz. Y viceversa y versavice.

No faltaban las quejas por algunas hojas de periódico, envolturas o pancas de choclo que quedaban desperdigadas en las calles. No obstante, jamás un vecino encontraba allí las tripas, piltrafas, escamas y otros pertrechos de pescado que eran cosa de todos los días en  otras paraditas de Lima. La ausencia de agallas y sus efluvios se debía al cuidado que ponían los vendedores de pescado de esa paradita: el dúo dinámico: Miguel ’Cabeza de Gato’ Velasquez, ex futbolista del Alianza Lima y el ‘Borra’ de Lince; y… el personaje de esta historia, Picho Sifuentes.

LOS COMPADRES DE CUBA EN LINCE.

Eran dos tipos pintorescos. Poseían una habilidad pasmosa para cortar, escamar, filetear y envolver los pescados sin mirar lo que hacían mientras contaban chistes colorados y chismes del barrio, cantaban boleros de Bienvenido Granda, enamoraban a las empleadas domèsticas y obsequiaban la merca que no podían vender.  Los vecinos recuerdan que durante su estadía en Lima, alojándose en el Hotel Majestic de la avenida Arequipa, los hermanos Reynaldo y Lorenzo Hierrezuelo, el dúo Los Compadres de Cuba (en otra crónica narraremos una anécdota de este extraordinario dúo en su paso por Lince), se detenían a observar el trajín de los carniceros, verduleros y fruteros, pero observaban admirados el modo en que Picho y Cabeza de Gato,  manipulaban  sus productos marinos. 

Y al finalizar sus sacrificadas labores, luego de limpiar meticulosamente sus puestos de venta, se sumergían en la trastienda de ‘Chin Chin’ a emborracharse jugando ‘Callao cinco rayas’ sobre la mesa marcada con nombres, apodos y corazones atravesados con flechas, mientras escuchaban música de la Sonora Matancera en sus radios a transistores. A  las once de la noche salían abrazados completamente ebrios cantando boleros de Daniel Santos y sones orientales del dúo mencionado líneas arriba, Los Compadres de Cuba. A veces se agarraban a golpes, pero al día siguiente, se conversaban como si no se hubieran visto el día anterior.

Ambos gozaban del afecto de la gente. Y esto se debía a su trato atento y servicial, a su desprendimiento para obsequiar pescado a los vecinos más necesitados. Muy a menudo, particularmente los sábados y domingos, se ofrecían a preparar cebiche y chilcano en casa de las tías del barrio. Pero los años pasan y las farras pasan su factura…

DOS

Un sábado pasando el medio día, Picho no se juntó a chupar con los gargantas, camarones y venticuatrinos porque estaba afiebrado y afónico. Esto sorprendió a sus compañeros de chingana, a los niños a quienes obsequiaba caramelos y a los vecinos que solían escuchar sus boleros antiguos a las once de la noche, luego de que Rosita los sacaba a empellones de la tienda de Chin Chin… Se sabía que Picho vivía en Surquillo pero nadie tenía su dirección. El lunes avisaron que lo enterraban a las 4, no era ninguna gripe, era algo más siniestro… se lo había llevado la difteria.

Los vecinos de Lince, al dìa siguiente, cuando no lo vieron aparecer canturreando sus boleros antiguos, recordaron el antiguo dicho español

“Son las doce y el pescado sin vender…”

El martes las cojinovas se pusieron luto, los bonitos amanecieron alegres porque no había quién los descuartice y los choros empezaron a castañuelear, las escamas se juntaron todas para formar un rosario, los cangrejos firmaron la paz con los calamares, las agallas acallaron a los borrachos venticuatrinos  con un ‘¡so, carajo!’… las moscas bailaron un bolero en su tabla de picar … y las aletas palmearon sus sones cubanos más preferidos. Nadie comió seviche por 3 días… y dicen los guaraperos que durante siete noches la niebla de Lince trajo un extraño y penetrante olor a pescado frito… y en el cielo brillaba la luz de un cuchillo sobre la iglesia de Santa Beatriz… y los niños lloraron por sus caramelos perdidos... y por la 15 de Francisco Lazo, luego de las campanadas de la medianoche, los ejes de su carretilla rechinaban y asustaban a todo el barrio ("…si a mi me gusta que suenen pa’ que los quiero engrasaos…").

TRES.

Inolvidable Picho Sifuentes, nunca supe su nombre de pila… cuando estaba entre copas, con el cabello despeinado, con los rulos tapándole la frente y un puchito entre los dedos amarillentos, se ponía a cantar

"zapato goto, zapato goto,
con esa pinta adonde vas..."!

¡Ah, me olvidaba!, su compadre "Cabeza de Gato" murió a los 3 días y mientras subía al cielo (lo más probable) lloraba porque su compadre "Picho" no había asistido a su funeral… jamás se enteró que este le había ganado la carrera a esa meta donde tarde o temprano llegamos todos, donde ya no es necesario vender pescado para ganarse la vida, porque allá arriba su padrino San Pedro Pescador ha declarado asueto infinito... porque la vida ‘ya fue’… porque..., como cantaba Daniel Santos,

Porque al fin de la partida
Gana el albur de la muerte…

martes, 7 de agosto de 2012

PERICO LEON: UN LINCEÑO QUE HIZO HISTORIA EN EL FUTBOL PERUANO.

Escribe: Manuel Araníbar Luna.

En la década de los 60’s, el titularato en el puesto de centro delantero en las selecciones nacionales y en el Alianza Lima estaba reservado sólo para un jugador: Perico León. Bautizado como Pedro Pablo León García, debe su nombre de pila a que nació el Día del Pescador, el 29 de junio del 43, fecha que reza en el santoral como San Pedro y San Pablo, en el linceñísimo barrio de Garcilaso de la Vega.


















En el Bosque Matamula...
Pertenece a una familia de excelentes jugadores que marcaron época desde las décadas de los cincuentas y sesentas en todo campeonato barrial que se realizara tanto en la famosa cancha de la legendaria Gran Unidad Escolar Melitón Carvajal como en la del Bosque Matamula. Sus hermanos, Teófilo y Daniel, delanteros malabaristas y quimbosos, también de las filas del legendario Garcilaso,  fueron igualmente protagonistas imprescindibles en las batallas futboleras de la Liga de Lima. Asimismo, Daniel fue un extraordinario bailarín que integrara el dúo Los Paladines con la recordada Lucila Campos.

A la temprana edad de 17 años debutó en primera en Alianza Lima. Era un centro delantero completo. Gran cabeceador que anotaba goles por colocación más que por fuerza, debido a que no cerraba los ojos para cabecear, detalle que ignoran muchos jugadores de hoy en día. Dribleador nato y ambidiestro, sabía llevar pelota desde el medio campo. Jugaba en pared y definía con ambos pies en todas las modalidades: de volea, de chalaca y de tiro libre. 

Fue el primer pivoteador moderno del fútbol peruano, porque no sólo se limitaba a pelear las bolas que llegaban hacia él, sino que las repartía a quien llegara al área. Siempre recibía la pelota de medio lado para no regalarse al ponerse de espaldas a sus marcadores – un clásico defecto de los delanteros de hoy en día -, y con este movimiento sabía ya por dónde iba a salir con ella y mirar a quién entregársela. 

“Ni siquiera te vi, hermanito”
Si hay una palabra para definir su estilo de juego esta es la picardía. Jamás se lesionó de consideración puesto que adivinaba las intenciones de los cancerberos rivales. Desde antes del primer choque ya le estaba metiendo floro a su marcadores de turno, dándoles su chiquita a los backs contrarios cuando se ponían malosos. Inmediatamente aparecía su viveza. Quienes lo marcaron lo recuerdan con admiración. José Fernández, La Vieja,  lo cuenta con gracia:“Ni bien íba al salto te soltaba un puñete en el vientre bajo, y de inmediato, para bajarte las revoluciones, te ponía el parche: ‘disculpa, hermanito, fue de cazuela’.

Julio Meléndez recuerda otra: “Me dio un tremendo codazo en el ojo que me dejó ciego por quince minutos, cuando fui a cobrarme la venganza me respondió con la humildad de un huerfanito: ‘¡Alguien me ha empujado, ni siquiera te vi, hermano!’.

Y así durante todo el partido repartía caricias a punta de mañas y salía siempre con una ocurrencia. A cada guadañazo que veía llegar a sus canillas levantaba el filo del chimpún un par de centímetros y el ataque se convertía en hematoma para el agresor.

Estafado por la dirigencia...

A pesar de que se le consideró siempre un referente del Alianza Lima, muy pocos saben que toda la vida el club de sus amores fue el Deportivo Municipal.  Su doloroso alejamiento del equipo victoriano se debió a las incumplidas promesas de las dirigencias aliancistas de aquellos tiempos. “Me pagaban una miseria de mensualidad. Me prometieron casa, carro y hasta negocio propio”, nos dice sin perder la sonrisa, “y hasta ahora los estoy esperando bien sentado en el sofá”.



Coco Basile y el teatro...

La expulsión de Basile (foto: Fotosfutbolperuano.com).
Su gol a la selección argentina para las eliminatorias de México 70 en el Estadio Nacional fue de artista. Chumpi cortó un ataque, salió corriendo con fuerza por la izquierda y le lanzó la pelota en un pase de cincuenta metros. Perico la recibió de medio lado al filo del área, matándola con el pecho y antes de que diera bote se la sombreó a Cejas, concretándose el 1 a 0 definitivo.  A la siguiente jugada Coco Basile, picón por el gol y por la serie de codazos a la cara recibidos por parte de Perico, le fue a dar un guadañazo a la mala. El centro delantero del barrio de Garcilaso saltó y rodó como un ovillo de lana. El árbitro brasileño expulsó al argentino y Perico se levantó sonriente y satisfecho de su actuación teatral: Basile no le había hecho ni un rasguño.

El salto mortal...

Las vueltas que da la vida. Ahora que son cosa cotidiana los malabares, bailes y pasitos de los jugadores después de la anotación de un tanto, nadie recuerda que Perico León fue el primero en celebrar sus goles de manera original. Antes del mundial de México, en un partido amistoso dio un espectacular salto mortal luego de anotar un gol a la selección mejicana en su propia cancha. Años después, Hugo Sánchez, el goleador mexicano del Real Madrid, imitaría esta celebración y los ingenuos periodistas deportivos internacionales la consideraron como creación original del delantero charro.

El short descosido...

El gol a Cejas (foto: Arkiv Perú)
 Mil y una anécdotas se cuentan de su larga trayectoria deportiva, siendo la más famosa la del short que se le descosió en  la Bombonera en el partido decisivo con Argentina. Ante la histérica desesperación de los jugadores argentinos y las pifias de la tribuna, los jugadores peruanos se demoraron una eternidad haciéndole rueda mientras se cambiaba el pantaloncillo roto. El short, por supuesto, estaba ya semidescosido desde  el camarín y toda esta demora enfrió al equipo argentino que había salido a la cancha a arrasar  con todo.

Aún hay más, las escapadas de la concentración, la molestia de Didí, las broncas con Challe y mil y un aventuras en Lince, su distrito añorado . Pero todas estas anécdotas las iremos narrando semana a semana.